09 de agosto de 2011
Llevar traje de raso
Por Borja Ramírez Vico
Tengo la “buena follá” (como se suele decir por mi tierra) de que no me gustan los trajes de raso, éstos con mucho brillo que deslumbran al mirarlos, mejor dicho, los detesto porque bajo mi punto de vista no representan precisamente el paradigma del buen gusto en la mayoría de los casos, sobre todo cuando se combinan con camisas de colores chillones acompañadas por corbatas negras o de similar gama cromática a la de la insólita camisa. El portador de dicha “equipación” en mi opinión pretende aparentar frescura y una imagen a la moda. Además, si para colmo añadimos al paquete unas gafas de sol (incluso aunque no haya sol) de pasta gruesa y cristales tan negros como para mirar eclipses, zapatos generalmente blancos o claros de puntera erecta y un baño en Jean Paul Gaultier, tenemos al arrebatadoramente hortera dandy de polígono. Llamadme clásico si quereis, de hecho lo soy, pero es que me parece cómico el resplandor de dichos trajes enfatizando los flashes de las cámaras en bodas, graduaciones, confirmaciones, y demás actos relativamente solemnes. En ocasiones incluso he llegado a preguntarme si me encontraba en un acto de dicha naturaleza solemne o haciendo labores de mantenimiento en una central nuclear con personal embutido en relucientes trajes ignífugos.
Con estas líneas lo que pretendo no es dejar patente mi sentido de la estética (el cual considero dentro de la media con sus más y sus menos), sino plantear una reflexión que ha florecido en mi cabeza mientras veía fotos de una boda cualquiera.
Admito que tener buen o mal gusto es relativo, y de que hay tantos conceptos de “buen o mal gusto” como personas, pero cuando uno ve a Johnny Depp con todos esos ornamentos, complementos y copetes tiene que ser consciente de que aparte de ser Johnny Depp y poder llevar lo que le salga del forro por el simple hecho de ser quien es y por crear tendencia hasta por llevar un matasellos en la frente, detrás de dicho personaje hay afamados asesores de imagen que se ganan el pan y más cosas haciendo alardes de creatividad y convirtiendo a personas en semidioses de la estética.
La idea que lleva todo el día rondándome por la cabeza desde que he visto ese álbum de fotos de esa boda en la que algún que otro invitado se parecía más a un altanero presentador de concurso de televisión local cutre que a un invitado, es la idea de sencillez, una sencillez que va más allá de nuestro aspecto fisico y nuestro buen o mal gusto a la hora de salir a la calle, una sencillez de espíritu que está en oposición a la simplicidad, pues mucha gente que no es sencilla es dramáticamente simple y mucha gente que es compleja es maravillosamente sencilla. Sea como sea y aunque haya quien se vea guapo mirándose al espejo pareciendo un bocadillo liado en papel de plata, yo siempre veré mejor un discreto traje negro con camisa blanca, pues al fin y al cabo considero que cuando uno valora más la percha que el hábito hacer alardes atenta directamente contra la sencillez.
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La verdad sobre el clásico – Real Madrid y Barcelona
Por Francisco de Borja Ramírez
04/05/2011
Cuando uno ve a la fiera perder los papeles muchas cosas pasan por la cabeza. Yo prefiero centrarme en la neutralidad y hacer uso de la imparcialidad pese a quién pese y aún a riesgo de ser “catalogado”, pues pienso que muchas veces en la vida la verdad no tiene más que un camino, y es de valientes saber tomarlo, o al menos decantarse por él pudiendo estar equivocados.
Hay quién dice que Mourinho es un triunfador y que todo lo que dice va a misa, hay quién por el contrario dice que desprestigia la imagen de un club tan respetable y centenario como el Real Madrid (yo no lo creo así). Yo no me sitúo en ninguna de las dos perspectivas, pero sí considero a Mourinho una persona que sabe lo que se hace, y que sobre todo es consciente de muchas cosas que van más allá del fútbol, aunque el perder los papeles le pierde en favor de los amantes de la falacia, que suelen quitarle toda la razón aún llevándola por no usar las mejores formas, y es que en mi opinión se puede llevar razón siendo maleducado aunque para muchos no sea así.
He usado el término falacia porque vivimos en un mundo dónde el éxito no está ligado a la razón ni al sentido común, sino a lo bien que se use la dialéctica, y una falacia es una buena arma para algunos. Tirando de diccionario como a mí me gusta, una falacia es precisamente un “argumento falso pero aparentemente verdadero para inducir a error o engaño”. En detectarlas era experto el bueno de Carl Sagan. Mi opinión es que lo realmente meritorio es utilizar esa capacidad dialectica para anular esos argumentos falaciosos, pero retomemos el tema habiendo hecho este importante inciso.
Para empezar y sin ánimo de sembrar polémica voy afirmar lo siguiente, y no he dicho a plantear la duda, ni a reflexionar, sino a afirmar. Ahí va: “El futbol es política”. No estoy diciendo que con el FC Barcelona no estemos ante uno de los clubs que hacen mejor fútbol de la historia, porque sería una falacia decir que el Barcelona no merece muchos de sus éxitos, pero también sería una falacia el no admitir que es muy posible que Cristiano Ronaldo llevara razón en las declaraciones que hizo tras el partido de ida de semifinales de Champions, dónde dijo que el Barcelona tiene mucho poder tanto dentro como fuera del campo.
De siempre es bien sabido que el Real Madrid ha sido el equipo ligado a la derecha franquista, y usado como tal por aquellos años como estandarte ideológico de un régimen represor injustificable, mientras que el Barcelona, acérrimo rival de los merengues ha representado políticamente el color opuesto. Es bien sabido también que el FC Barcelona levanta pasiones por los cinco continentes: desde Asia hasta Africa, pasando por los Estados Unidos dónde yo personalmente he tenido la oportunidad de ver a decenas de personas con camisetas de Messi, Xavi o Iniesta, entre ellos estudiantes internacionales provenientes de la India. Lo curioso en mi opinión es que pese a esa difusión global el Barcelona es un club “particularista” y dogmático cuyos diligentes han hecho más por los ideales nacionalistas que los propios políticos y dónde a la alharaca izquierdista que en los últimos tiempos lucha por su ideología de espaldas y no de cara se le suma la figura del presidente de la Real Federación Española de Fútbol, me refiero al vasco Ángel María Villar, en guerra con Florentino Pérez por entre otras cosas no haberle votado en su reelección como presidente de dicha federación.
Viendo el panorama y sin animo de defender ninguna ideología ni color, deportiva o políticamente hablando, he de decir que en estos tiempos que corren, a esa tortilla franquista se le ha dado la vuelta, y si bien en el pasado el Real Madrid era utilizado para defender los colores de la derecha, en la actualidad una izquierda muy metida en la pelea ideológica lucha con el futbol como una de sus mejores armas, por no decir la mejor, y con el Barcelona como referente, un Barcelona que aparte de tener una plantilla de “cracks” y de hacer un fútbol de fantasía, tiene el gran respaldo institucional que le abre las puertas cuando ese futbol les pueda fallar. Viendo ésto, esas palabras de Cristiano Ronaldo y esos enfados del “prepotente” (según algunos) de Mourinho parecen cobrar sentido. Ahora lanzo la pregunta de ¿qué pasaría si las razones por las cuales el Real Madrid se queja de las decisiones arbitrales se hubieran dado a la inversa? ¿habrían tomado los árbitros las mismas decisiones? Nunca sabremos esas respuestas.
Para terminar me gustaría citar a Juan Carlos Girauta, Ex militante del PSC “…hoy en día, la izquierda tiene una carta de presentación en occidente, y aquí (en España) es lo mismo pero exagerado, que es la superioridad moral, es decir, ellos se presentan como “superiores moralmente”, ellos por definición son “aquellos a los que hay que juzgar por sus buenas intenciones”, independientemente de que sus resultados sean aberrantes, y deleznables, y perniciosos, hay que juzgarlos por sus buenas intenciones, porque los malos son “los otros”, aunque los malos cuando gobiernan creen empleo, pero son “malos”, … Esa línea divisoria que hay en la sociedad entre “buenos” y “malos”, y ese conjunto de pequeñas causitas como el cambio climatico o el aborto y los derechos les ha funcionado, y les ha funcionado muy bien.“
Así pues, dado nuestro presente y nuestra sociedad anestesiada y dividida por rencores del pasado, donde los politicos aprovechan precisamente esa división como arma electoral junto al futbol como catalizador de esos “sentimientos arraigados”. Les aconsejaría a Mourinho y a Cristiano Ronaldo si quieren triunfar en su carrera deportiva hoy por hoy, que cambien de liga, o que se vayan al Barcelona, pero si mi intuición no me falla no creo que ésto último lo hagan nunca. Les haría saber aunque probablemente ellos ya lo sepan, que no han venido al mejor país para triunfar por méritos propios, siempre por supuesto teniendo en cuenta el gran futbol que despliega el nacionalismo catalán.
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24/01/2011
La Paradoja de la Ignorancia por Borja Ramírez
Desde que tengo uso de razón, y mi conciencia social y concepción del mundo empezaron a formarse, nunca he criticado ni he considerado inferior a mí a quien ha pensado diferente sea cual sea el ámbito. Siempre he dicho, digo y diré que la libertad de una persona termina donde empieza la de otra. Esa afirmación, como todo en la vida, tiene matices dependiendo de la situación y contexto que la englobe. Lo que sí he criticado siempre, e incluso atacado, iniciando una cruzada dialéctica en la que muchas veces además ha aflorado en mí la risa como pintura de guerra, es a toda esa gente que por desgracia abunda cuya falta no es la de pensar distinto de uno, sino la de sentirse superiores por tal hecho. Superiores hasta el punto de mirar hacia un servidor con recelo, desprecio e incluso miedo por hacer tambalearse sus “verdades” que normalmente suelen defender con falacias o con un simple “porque sí” o “porque no” en lugar de con argumentos plausibles.
Yo siempre digo que la vida es debate, y también humildad, mucha humildad para saber reconocer cuando uno no lleva la razón, pero también orgullo para saber defender las verdades que consideramos como decía el bueno de Descartes “claras y distintas” vistiendo nuestra palabra con las mejores galas hasta que se demuestre lo contrario en caso de que así llegue a ser. En ese caso las palabras han de vestirse de gala para darle la razón a quien la tenga.
Hay personas brillantes en la vida, que se creen en posesión de verdades inmutables, de esas que para ellos siempre han sido, son y serán. Y eso es legitimo siempre que esas verdades no choquen con la ética de traspasar la línea que separa su libertad de la de los demás. Pero, que sean legítimas no quiere decir que sean verdaderas. Aún así esas personas haciendo alarde de su “brillantez”, y a veces de su trayectoria vital basada quizás en el elogio de la sociedad defienden sus verdades discriminando al que no las ve como tan verdaderas.
Mi reflexión de hoy habla de verdades y falsedades porque independientemente de las personas, el mundo y la vida siguen un camino que en unas ocasiones puede requerir de una actitud y en otras de otra en la que quizás haya que vulnerar nuestros principios básicos incluso, pero eso no ha de ser necesariamente malo, sería loable que más de uno fuese capaz de pulsar el botón de emergencia de su moral más arraigada en determinada situación excepcional aunque solamente fuese para plantear la posibilidad de que la otra persona (esa que piensa diferente) lleve razón esa vez.
Es la paradoja de la ignorancia, que nace de la humildad de saber reconocer que puede que haya alguien en determinados momentos que tenga mejores respuestas que las nuestras a preguntas comunes a toda la humanidad. Es esa paradoja de la ignorancia esa cualidad que todos los seres humanos deberíamos tener para hacer de este mundo un lugar mejor y sin verdades universales divididas por colectivos con ideologías afines. Pues al fin y al cabo, no creo que haya mayor signo de inteligencia que asumir nuestra ignorancia.
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Progreso Para Mejorar 14/01/2011
Por Borja Ramírez
Tengo que reconocer que últimamente me he mostrado muy crítico con las nuevas tecnologías en general y no porque tenga nada en contra de ellas, sino porque considero nocivo el darles un mal uso. Un mal uso de estas nuevas tecnologías puede ser desde su abuso hasta el delegar unicamente en ellas para por ejemplo, expresar nuestros sentimientos, dejando de lado ese “cara a cara” que nos humaniza y nos hace, o puede hacernos, seguros de nosotros. Prueba de ésto es que hace unos años cuando uno quería conocer a alguna chica (en mi caso) o sentía interés en intimar con una persona especial lo que hacía era proponerle una cita, la llamaba por telefono, buscaba encontronazos con esa persona, etc… Hoy no estoy diciendo que eso no pase, pero con respecto a mi entorno he de decir que la voz humana y el contacto fisico han dado paso al “contacto de teclado”. Incluso se siente vergüenza en algunos casos de hablar por telefono debido a que las redes sociales o el MSN (quizás no tan perjudicial pero igual de desumanizador) tienen el monopolio de nuestros anhelos más íntimos. Desde que vengo notando esta tendencia a la baja no en cuanto a sentimientos (las personas tenemos la misma capacidad de sentir ahora y hace veinte años) sino en cuanto a “disposición” para manifestarlos, he criticado el caracter deshumanizador de esas nuevas tecnologías. Hoy en día es triste que para mucha gente (no para toda por supuesto), la clave para saber si alguien se siente atraido por ella sea por ejemplo un simple emoticono en una foto. Al mismo tiempo esas redes sociales nos hacen ser menos tolerantes con la persona que tenemos al lado, ya que el escaparate de personas entre las que podemos elegir que se nos brinda nos hace ser conscientes de que desechando esa pareja tenemos muchas posibilidades de encontrar otra mejor.
No defiendo la total tolerancia en una relación, pero tampoco soy partidario de dejar en la estacada a la primera de cambio, porque mantengo y defiendo firmemente la teoría de que el amor verdadero no se puede sentir en un día, ni siquiera en meses, sino que es en mi opinión una sucesión de momentos fruto de una experiencia vital con esa persona. Ese amor es fruto de una adaptación mútua que por supuesto no florece de cansarse de la otra persona a la primera cosa que haga mal. Hay que valorar mil factores antes de actuar y no vivir a la ligera siempre, mucho menos en algo así…
Hablar de nuevas tecnologías no es solamente hablar de redes sociales o de relaciones interpersonales, sino también hablar de su uso aplicado a la educación y de videojuegos.
En estos tiempos ha surgido la deleznable figura del profesor que se considera mejor profesor por hacer uso de las nuevas tecnologías. Las nuevas tecnologías si por algo existen es porque hacen nuestra vida más fácil, o almenos ese es su propósito, y su uso aplicado a la educación es muy beneficioso siempre y cuando no sea lo único que se tiene en cuenta. La diferencia entre los jóvenes de ahora y los de antes (y no soy tan viejo) es que hace por ejemplo quince o veinte años un niño iba descubriendo el mundo a medida que iba creciendo, descubría cada cosa a la edad que le correspondía más o menos. Hoy en día los medios de comunicación y las caracteristicas de la vida en general hacen que vivamos en un mundo en el que el niño tiene la posibilidad de descubrirlo todo desde que es muy pequeño, por lo que la función del educador no debe ser “enseñar el mundo”, sino la de “enseñar a manejarse en un mundo que ya se conoce”. (esta afirmación no elimina mi opinión de que cada cosa tiene su edad).
Los clichés y la mala praxis ligada a las nuevas tecnologías han creado en mí la noción de que no son tan beneficiosos como perjudiciales, pero reflexionando he llegado a la conclusión de que es justamente al revés. Nos hacen la vida más fácil, divertida, completa y cómoda entre otras cosas positivas, el problema reside en que hay que formar una sociedad con valores que hagan de su uso una ventaja y no un inconveniente, y creo que aquí, en este país, y ahora, esto es una asignatura pendiente.
“El profesor del siglo XXI ha de preparar a sus estudiantes para un futuro incierto.” Mark Prensky
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02/08/2010
Radiología escrito el día 05/05/2010
¿Qué es un texto escrito? ¿Un trozo de papel manchado? Eso es lo que muchas veces la ignorancia puede hacernos pensar, pero un trozo de papel escrito es un testimonio real de que dentro de nuestra mente hay algo con sustancia, capaz de materializarse oral o físicamente. Frecuentemente se dice que a las palabras se las lleva el viento. Al menos, mi consuelo es que un trozo de papel pesa algo más que el sonido, y por lo tanto es un poco, sólo un poco más difícil de mover, y de olvidar.
Cada gota de tinta que se derrama, extendiéndose levemente al salir por la punta del bolígrafo y oscureciéndose lentamente a medida que se va secando, conforma una maraña de ideas, las cuales al ser juntadas configuran la radiografía del cerebro humano.
Francisco de Borja Ramírez Vico
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Caín, por Francisco de Borja Ramírez Vico
27/07/2010
Siempre me he preguntado de dónde nace el deseo de hacer el mal a los demás que algunas veces aflora en algunas personas que no necesariamente tienen por qué querer hacernos nada malo, sino que simplemente pueden encontrar cierto consuelo en nuestra desdicha, como si esa desdicha nuestra le aportase facilidades para “superarnos” en sea cual sea el ámbito o simplemente superarnos sin más.
Esta reflexión me ha arrojado cierta luz sobre el origen de esa combinación ‘deseo-consuelo’ basada en la desdicha ajena, y puede que el origen de dicho sentimiento sea la envidia. Esa envidia es para nosotros injustificada puesto que muchas veces podemos pensar que no tenemos razones para ser envidiados, y es precisamente esa ignorancia fundamentada quizás en un exceso de humildad infundado por unos valores demasiado ‘valiosos’ la que hace que no nos percatemos de que con ciertas personas “pasa algo,” un “algo” que muchas veces no podemos explicar pero que se capta.
Muchas veces no nos vemos ni guapos, ni listos, ni con cualidades destacables o con cosas en nuestra vida dignas de valorar, o por lo menos no tanto como para que alguien nos envidie. He ahí el principal problema, que ya no es sólo un exceso de humildad, sino un quererse poco en exceso. ‘La modestia es la virtud de los que no tienen otra.’
¿Es el ser humano cainista por naturaleza? Desconozco la respuesta a esa pregunta, pero sí sé que hay individuos que sí lo son. Individuos que, probablemente impulsados por inseguridades, complejos de inferioridad o aversión infundada por otros a los que puede tener la necesidad de complacer, se complacen y regocijan viendo como la desdicha amenaza a las persona (o sólo a algunas por capricho) de su entorno, como si les aliviara el ver que esas personas están pasos más lejos del éxito o la felicidad, puesto que esos lobos con piel de cordero nunca podrán optar por méritos propios a hacerse un hueco entre la dicha, a no ser que les vengan golpes de suerte.
Esa actitud envidiosa creo que es intrínseca de ciertos individuos y creo que el que así nace así muere. Sus actitudes están ligadas a la comparación y a la competitividad, lo que hace que por muchos fracasos que se produzcan en su entorno nunca sean felices, y esa es la peor espina que puede tener una persona, el obtener el éxito no luchando por conseguir sino esperando (o poniendo medios para ello) a que otros resbalen para despuntar sin hacer nada.
¿Cómo detectar un caín o caína? Para ello hay que aplicar una serie de reglas, pero aún así la mente no es matemática y la dificultad está patente en dicha labor. La regla dorada es: ‘cuando el río suena, agua lleva’. Puede que no lo podamos explicar, incluso puede que sólo sea trasmisión de ‘mal rollo’, pero si uno tiene la mosca detrás de la oreja lo mejor es no confiarse, no dormirse en los laureles, ya que de hacerlo podrían esperarnos sorpresas desagradables, de esas que llegan incluso estando despierto. Luego, aparte de la regla dorada también está la observación y el análisis: comentarios sospechosos, actitudes o sensaciones diferentes a las habituales o que simplemente nos hacen sentirnos incómodos hasta el punto de que ese amigo o amiga casi sin darnos cuenta termina agobiándonos con su presencia ya no tan deseada. Esos hechos normalmente siempre son buenos indicadores de la presencia de un caín, sumados normalmente casi por inercia al hecho de que somos su herramienta para “crecerse” ante otros.
Un caín no es necesariamente una persona mala, sino una persona que no nos quiere tanto como parece o como dice querernos. ¿Cuál es la clave para combatirlo? Un caín normalmente forma parte de nuestro entorno, por lo que no podemos borrarlo de un plumazo como en más de una ocasión nos gustaría. La clave está en saber torear el toro, reforzar nuestra personalidad sin dejarnos avasallar, no permitir, o por lo menos intentarlo, que nadie nos use como pértiga para saltar más alto cara a los demás.
Un caín tiene la necesidad de gustar al resto de la gente que no lo ‘aguantan’ incondicionalmente como unos servidores, y con los que no comparte tanto tiempo como nosotros estaríamos dispuestos a compartir con él. Aunque un caín no tiene por que estar necesariamente demasiado ligado a nosotros.
Nunca debe condicionarnos la vida, bajo ningún concepto y nuestra voluntad debe primar frente a la suya, siempre. El mejor antivirus es la combinación de la experiencia vital con los puntos de vista de la gente que nos quiere. Sí, digo antivirus, pero es que una persona que tiene ‘caínes’ es como un perro que tiene garrapatas. La diferencia es que los caines no se pueden arrancar, aunque sí se puede evitar que hinquen su aguijón para siempre.
Francisco de Borja Ramírez Vico
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Menos preocupación y más ocupación
por Francisco de Borja Ramírez
02/06/2010
Cuando uno se encuentra en un mes de tanto abatimiento como éste, son muchas las cosas que pasan por la cabeza, no sólo en referencia al presente en sí, sino también al futuro. Nuestro desagradecido entorno y sistema hace que se pongan al límite las cualidades humanas para conseguir un puesto social mediante competitividad, y nuestros gobiernos, y quizás también nuestras circunstancias endurecen nuestra calidad de vida haciendo que en muchas ocasiones en nuestras luchas crucemos la delgada línea que separa la salud de la enfermedad. Muchas veces me afloran ideas evasivas y me imagino cogiendo el primer vuelo a uno de esos paises que salen por televisión en los que sus habitantes viven en un confortable poblado compuesto por casitas de hoja de palmera y playas vírgenes en los que la principal preocupación es que los “malos espíritus” no se ciernan sobre la prole. Tal vez desear una vida así sea algo extremo al mismo tiempo que pasajero, pero, ¿se podría mejorar la situación que vivimos? Lo gracioso es que comentando esto con otras personas la contestación más usual es: “anda, si no puedes quejarte, vives como un rey” y eso hace que uno se frustre más, porque si bien muchos envidiarían la vida de uno, uno también envidia en muchos momentos la vida de otros…
¿Merece la pena caer en la enfermedad, ya sea física o mental por culpa de las preocupaciones? Esas preocupaciones y enfermedades mentales de la vida moderna relacionadas con el estrés que hace que a mucha gente se le caiga el pelo y engorde de forma más que sospechosa, bien porque les da por comer o bien porque les cambia el metabolismo. Es triste que mientras escribo estas líneas sobre el precio del sobreesfuerzo y sus repercusiones sobre la salud tenga complejo de culpa por sentir o pensar que alguien pueda catalogarme de vago. Vivo actualmente buscando una solución a las exigencias que no son autoimpuestas y que detesto cuando “pringan” más de lo que deberían. Estoy probando recetas y he dado con un ingrediente básico almenos: saber, saber y establecer prioridades. Según el tipo de persona que seas puede que sepas antes lo que quieres, o puede que sepas antes lo que no quieres, pero debes saberlo y en función de ello actuar en consecuencia bajo la premisa: “menos preocupación y más ocupación”.
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Yo de mayor: fracción impropia
por Francisco de Borja Ramírez
10/12/2009
Si a lo largo de la historia ha existido un arquetipo de fracaso, ese he sido yo en mi andadura por el riguroso, lineal y cuadriculado mundo de las matemáticas, mundo que abandoné a los 18, en cuanto tuve la oportunidad, cuan gazapo que salta de su apostadero encuanto oye pasos. A pesar de tal fracaso aún recuerdo aquel ir y venir de números y letras, de incógnitas y de ecuaciones de primer, segundo, tercer grado, y así sucesívamente. Raices cuadradas, números primos y cuñados, y todas las “virguerías” que se podían hacer con ellos. Esas horas delante de la libreta de operaciones me causaban un sopor indescriptible. El sudor frío y la sensación de que mi mente daba más de no que de sí era una de las causas de mi frustración personal y de mi falta de apetito allá por aquellos días en los que, a pesar de todo, se respiraba más aire fresco y autenticidad que en estos días, y no estoy sacando mi vena nostálgica ni estoy tratando de hacer ninguna afilada crítica social, ya que en todas las épocas y contextos ha habído personas, situaciones, elementos y elementas a los que ha habido que echarles de comer aparte, y siempre los habrá.
Yo siempre vacilaba desde la ignorancia y me jactaba preguntándome sobre la utilidad de las matemáticas con situaciones inauditas del estilo de: “¿para qué me van a servir las matemáticas? Pues para mucho, mañana podría atracarme un ‘kinki’ mientras paseo y decirme que haga unos ejercicios de combinatoria o que por el contrario me raja.” Fue tal el odio que llegué a cogerles (al final aprobé) que me metía con ellas, las atacaba y las mancillaba a placer. Tenía la necesidad de pisotear al enemigo.
Años más tarde he descubierto que el radicalismo y las frustraciones desaparecen, y el espíritu se va ennobleciendo, que uno puede permitirse ciertos lujos del estilo de los que se permite el conductor experimentado tomándose una rotonda por el centro de los dos carriles o llegando hasta su casa marcha atrás porque es más corto el trayecto (pequeños lujos que por supuesto en ningún momento ponen en riesgo la seguridad ni la integridad y que hacen que uno se sienta un poco más libre, o menos atado, lo que viene a ser lo mismo), esos pequeños lujos, creo que son el fruto no sólo de la experiencia, sino del desgaste que sufrimos debido al rodaje que nos da la vida en diversos ámbitos, desde el ámbito de la conducción hasta el ámbito del ocio, pasando por nuestra forma de ser, ideología o sentido del humor/amor.
En mi caso este “desgaste”, entre otras muchísimas cosas (y muchísimas aún por haber) ha desembocado en la “neutralización” de emociones, de forma que ya, por ejemplo, no me exalta el pensar en las matemáticas, no las veo como “el enemigo.” Parece mentira como algo que pueda atormentar tantísimo (llámese matemáticas, llámese equis) pase de forma tan fulminande a un segundo plano, bajo el efecto erosionante de ese gran elemento clave en el universo y en la existencia que es el tiempo. Luego, un día como hoy uno mira atrás y no puede evitar esbozar una sonrisa triunfal mientras por su mente pulula la idea de que las tormentas pasan, y también las ganas de rascarse del perro al que le quitan las pulgas, o le saltan solas.
Siendo un poco inteligentes, y que conste que nunca lo somos, podemos llegar a la conclusión de que ya que todos los elementos “tormentosos” de nuestro presente alguna vez serán suprimidos, anulados, devastados… por nuestro grande y cronológico amigo, y enemigo… (hablo del tiempo), ¿entonces por qué no dejar de sufrir en el presente? es como si te dicen que esa persona que tan mal te cae de siempre algún día te salvará la vida, en ese caso ¿por qué no empezar a sentir afecto, gratitud y simpatía por ella? o como si te dicen que ese gran amigo del alma algún día te dejará por los suelos y te dará la puñalada de tu vida, ¿entonces por qué no acabar ya con la amistad? sería almenos un ahorro en regalos de cumpleaños, y también en deshonra. El gran problema y al mismo tiempo encanto de la vida es que hay que vivirla, y en función de nuestras vivencias actuar en consecuencia. Pero con lo referente a estilos de pensamiento, a diferencia de con la utopía de predecir el futuro con las personas, creo que podemos permitirnos el lujo de dejar el contador a cero, es decir, de no odiar ni amar antes de tiempo, de no obsesionarnos para bien ni para mal, sino de vivir en tanto que nuestras capacidades personales nos permitan, y es así como veremos esas cosas no como tormentas o dias de sol, sino como elementos que forman parte de la vida para hacer uso de ellos y mediante su uso hacer que salga el sol. Es esa visión “cosificadora” del mundo la que hoy día me hace optimista y me hace ver el mundo como una gran naranja llena de zumo y cortada por la mitad esperando que me lance sobre ella para espachurrarla con todas mis fuerzas y dejarla seca como el ojo de un tuerto.
Con las personas ya es otro cantar, y es que las personas somos en algunos casos simples y estúpidas como el mecanismo de un tapón de rosca, pero en otras complejas hasta más no poder. También hay personas que presumen de complejas siendo estúpidas como una piedra y personas que desde su sencillez y aparente simplicidad son verdaderos y apasionantes rompecabezas. Mi “afan cosificador” me ha hecho aliarme con las matemáticas en esta ocasión y recordar el tema de las fracciones (espero que sean benevolentes conmigo si soy impreciso con algún término). Puede que haya patinado sobre el hielo con los números a lo largo de mi vida, pero si hay algo en lo que creo que no patino es en el ver más allá de las cosas, en el no conformarme con la primera respuesta, y aunque no enmiende patinazos almenos siempre lo intento. Digo fracciones porque yo veo a las personas bajo una lente de dualidad, y tras pensar largo y tendido en dualidades la que mejor me vino a la mente para metaforizar a las personas es la dualidad propia de las fracciones matemáticas, compuestas de dos elementos: numerador y denominador. En mi metáfora, el denominador es la parte común que todas las personas tenemos, nuestro contexto, nuestra cultura, nuestra situación, nuestra circunstancia, como decía un tal Gasset… Es ese denominador lo que nos hace iguales, lo que nos hace gregarios, mediocres, impersonales, serviles, y como diría yo en un ataque de misantropía “tremendamente garroteras y desechables” … aunque al mismo tiempo ese denominador es nuestra “etiqueta” nuestra raíz que nos agarra al suelo, la que nos da una base, una fijación y de la que (según el tipo de persona) hemos o no de sentirnos orgullosos y/o defender.
El numerador en las personas es ya harina de otro costal, en mi metáfora el numerador es la parte que nos hace diferentes del resto, es nuestra firma, esa que hace que dejemos nuestra pequeña o gran huella en el mundo el día que lo dejemos, esa que nos da un plus. No todos podemos ser Ronaldos de la vida, pero sí que existen equipos de primera y de tercera, e incluso de regional preferente, incluso en las más altas esferas, y la razón por la que existen equipos de primera y de regional es que aunque todos querrían jugar en primera no todos pueden, unos por unas circunstancias y otros por otras, pero no todos pueden tener un alto numerador y gran de ello es la cantidad de individuos sobre la tierra que hablan y callan necedad tras necedad. Y es que por desgracia, o por suerte hay una grandísima cantidad de fracciones propias (aquellas cuyo valor del denominador supera la del numerador). Tengo una buena noticia, y es que las fracciones impropias no nacen, almenos no del todo, sino que se hacen, o pueden hacerse, así que yo de mayor quiero ser una fracción impropia.
Francisco de Borja Ramírez Vico
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El Arte de Copiar y Pegar,
por Francisco de Borja Ramírez
29/10/2009
Recuerdo una vez, hace cuatro años, allá por el bachillerato, aquel examen de literatura. Recuerdo que por problemas personales no había podido estudiar los días previos y sin embargo quería presentarme por todos los medios por si me “sonaba la flauta.” Casualmente tuve la suerte en el examen de acabar sentado al lado de una compañera con una media por encima del ocho, y al mismo tiempo tuve la suerte de que el profesor estuvo más de media hora en la puerta del aula hablando por teléfono, por lo que la atención que le prestó a la clase durante ese periodo de tiempo fue más bien nula, lo que favoreció indudablemente a la picaresca estudiantil, cosa que a mi me vino de perlas, ya que me copié integramente del examen de mi compañera, con o sin su consentimiento, no lo sé, pero me copié. Dos dias después llegó el momento de recoger el fruto en forma de nota y fue entonces cuando aprendí una lección que no creo que olvide nunca. Mi compañera sacó un 9,2 mientras que yo saqué un discreto y modesto 5,8 ¿Cómo es posible que teniendo los mismos contenidos en el examen hubiese tanta diferencia en nuestra nota? ¿acaso ella era más valorada que yo por el profesor o es que simplemente habíamos usado formas distintas de expresar unos mismos contenidos? Ese día aprendí la lección de que en contadas o me atrevería incluso a decir nulas ocasiones se nos puede aplicar las mismas recetas de los demás para obtener el mismo resultado exitoso. Lo mismo ocurre con el cuerpo humano y la alimentación: hay personas que tienen el metabolismo de una manera y personas que lo tienen de otra, de forma que no a todo el mundo le engordan o adelgazan los mismos alimentos ni las mismas cantidades. De la misma forma, no a todas las estrellas televisivas les queda igual la misma chaqueta de 1400 euros. Independientemente de las personas, esta receta también se aplica con grupos de personas, instituciones o asociaciones, de manera que no a todas las empresas les favorecen por igual las mismas técnicas de marketing ni en todas las pandillas de amigos se pueden hacer las mismas bromas, porque con las que en un grupo todos se rien, en otro distinto pueden levantar ampollas (sí, me refiero al humor ácido altamente satírico y crítico, incluso negro en algunas ocasiones que muchas veces hace gala de nuestras reuniones). Por supuesto, y como no iba a ser menos, esto mismo también ocurre a gran escala, con los paises.

Ángel Gabilondo
Como he dicho, podría seguir con un largo etcétera de situaciones “copiar-pegar” pero me parece más importante y por qué no decirlo, más polémico y morboso ponerme a debatir el tema en cuestión: ¿a favor o en contra de la educación obligatoria hasta los 18 en España? Señalo España porque es nuestro contexto, nuestro país, nuestra realidad, nuestras fronteras y como decia el gran Ortega y Gasset “nuestra circunstancia.” Encuanto al resto de los paises, alguien de corte tan filosófica y especulativa como yo alegaría por educación obligatoria hasta los 18, ¡y hasta los 21 si hiciese falta! pero no aquí, no en un país en el que la tasa de fracaso escolar crece alarmantemente sin que se haga lo más mínimo por ponerle solución, no en un país en el que se desautoriza y se deroga la figura del profesor, dándose casos en los que ha habido incluso agresiones, no en un país en el que se puede pasar de curso sin aprobar y sin esfuerzo por parte del alumno, no en un país en el que los partidos políticos se pugnan por imponer su credo ideológico con asignaturas de obligado cursamiento como educación para la ciudadania (esas horas no sólo podrían usarse para impartir lengua, matemáticas o inglés, sino que por si fuera poco, en el caso de la educación primaria se reduce en 25 el número de horas de lengua española para dar cabida a esta asignatura). Almenos la religión es siempre optativa…
Podría seguir hasta mañana con la lista de razones por las que no apoyo la medida o “sugerencia” de la educación obligatoria hasta los 18, es más, yo incluso la reduciría de los 16 a los 14, o ¿por qué no? incluso a los 12, así quien se quiera “bajar del barco” lo haga cuanto antes y deje de lastrar e incordiar al que sí quiere nutrir su mente y su espíritu. Seguro que se reducirían las tasas de fracaso escolar, porque se reduciría el numero de alumnos conflictivos. Sin hablar de lo notable que sería la reducción del índice de acoso y maltrato escolar. Seguro que no pasaría nada por bajar la edad de los 16 a los 14.El segundo punto que me gustaría recalcar en las siguientes lineas es más bien una especie de llamamiento a los partidos políticos: debería cambiarse el nombre “Ministerio de Educación” por el de “Ministerio de Enseñanza,” porque si algo es tan claro como que la tierra gira alrededor del sol es que educación y enseñanza NO son lo mismo. En las escuelas, institutos, universidades y demás centros “educativos” se “enseñan” materias (pongo “enseñar” entre comillas por la dudosa profesionalidad del profesorado en algunos casos, aunque este no es el tema que nos abarca ahora). La educación se recibe en la casa, en la familia, se “mama,” el niño al igual que aprende su primera lengua de forma natural, coge la esencia y los patrones de comportamiento y de actuación de sus padres o familiares más cercanos, sus inclinaciones, su ideología, sus principios y sus valores. En definitiva es como darle forma a un trozo de barro amorfo. Eso es democrácia. Luego el niño al echar uso de razón valorará lo que ha “mamado” y el tiempo y su experiencia vital le harán ver (si es un poco inteligente) si quiere o no seguir esos patrones o modificar algo. Entrará en un periodo reflexivo, llamémosle crisis de la adolescencia o edad del pavo si se puede llamar así, crisis que unos pasan a los 12 o 13 años y otros a los 25, pero por la que todos pasamos (ya que la vida es una constante escuela), y que es bueno pasar, es bueno plantearse ya que si no nos dejan o lo que es más peligroso aún, no nos dejamos nosotros mismos porque nos hayan grabado a fuego en nuestra mente ciertas inclinaciones, estaríamos hablando de manipulación. Pero reflexiones aparte, una familia por lo general siempre educará mejor que una lista de leyes o código escrito. También hay que ser conscientes de que no en todas las casas se puede dar una correcta educación, bien porque los padres carezcan de ella (tristemente causa muy común), o bien por que ambos padres tengan una actividad laboral. Esa es una de las lagunas a las que nos enfrentamos en este país y para las que yo no tengo respuesta salvo el saber escoger bien el tipo de guardería y/o colegio o cuidador, si bien parte de la culpa de la educación de los jóvenes (independientemente del tipo de padres) la tienen los medios de comunicación y la sociedad. Un ejemplo de ello es que yo (y soy joven) me crié con “La Abeja Maya,” “Barrio Sésamo,” y “Alfred J Kwak” mientras que ahora gran parte de la juventud está etílicamente anestesiada y tiene una mentalidad sabática, especialmente nocturna, y lo peor es que esa mentalidad ha llegado a considerarse completamente normal y a todo aquel que no baile al son de ese organillo “le pasa algo.”
Puede que no sea un experto en materia educativa y puede que no me quiera meter en más polémica en lo referente al sistema educativo superior con el tan de moda plan Bolonia y demás menesteres. Además pasando del bachillerato el que estudia es de forma totalmente voluntaria y por lo tanto deja de ser el caso, además la complejidad del sistema educativo alcanza una mayor complegidad y una escala de grises más variopinta y modificable a mejor o a peor según la fuerza gobernante. Pero del bachillerato para abajo la receta es bien clara, y hasta un “no experto” en materia educativa como yo puedo dilucidarla. La clave para el éxito educativo en nuestro país en primer lugar comienza por no seguir metiendo la pata, más vale dejar las cosas como están en lo referente a la edad hasta la cual es obligatoria la enseñanza (aunque yo la bajaría más si cabe). El segundo ingrediente para este buen guiso de domingo es una buena dosis de esfuerzo y trabajo por parte del alumno, ya que el estudio es un trabajo, e inculcando valores de trabajo y enseñando a que las cosas cuesta esfuerzo conseguirlas conseguiremos una sociedad más competitiva y competente. Nada de pasar de curso con más de una asignatura colgada. El terrcer ingrediente corre por parte del profesor, hacen falta profesionales capaces, y no como en muchos casos analfabetos funcionales que por fin se han “colocado” y respiran porque tienen un sueldo fijo hasta el dia que se jubilen, así hasta yo siento ganas de rallar coches… El profesor debe entender las necesidades de cada alumno y dominar la materia, una vez hecho esto, entra en juego el cuarto ingrediente: dar autoridad a ese profesor y hacer que sea respetado, establecer una jerarquia perdida y abandonar la anarquía que reina en millares de aulas españolas en las que el ambiente de trabajo es nulo. No hablo de volver a la etapa de Don Severiano y de la vara larga, sino de crear un ambiente de trabajo óptimo en el que queden perfectamente delimitados los roles profesor y alumno. Por último (aunque es más que probable que se me escape algo) evitar que los gobiernos e instituciones metan sus “garras” en los programas educativos para captar futuros votos o adeptos que les hagan llenarse los bolsillos, reduciendo o eliminando horas lectivas de asignaturas como educación a la ciudadania o religión para añadir esas horas a materias como lengua, matemáticas o el talón de aquiles de nuestro país: los idiomas.Con estos ingredientes, unidos a una mentalidad por parte de las entidades gobernantes basada en el sentimiento individual en lugar de basarse tanto en el sentimiento colectivo, creo, o mejor dicho, afirmo que conseguiríamos el objetivo deseado, aunque dejo la pregunta en el aire: ¿hasta qué punto deseado? Mientras lo pensamos siempre nos quedará copiar y pegar, en el mejor de los casos.
Francisco de Borja Ramírez Vico
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Arte en el campo, vergüenza en la grada (Barcelona 4 – Athlétic 1)
por Borja Ramírez

Afición del Barcelona celebrando uno de los goles.
Un argentino, como Messi, un camerunés, como Eto´o, un marfileño, como Keita, un francés como Henry entre muchos otros, todos ellos con el denominador común de artistas a sueldo no merecen ser culpados de “barcelonistas” (en el sentido negativo de la palabra, en ese sentido negativo que le dan los españoles consternados ante el deplorable espectáculo ofrecido por las aficiones del Barcelona y del Atlétic), del mismo modo que no merecen formar parte del lamentable contexto extradeportivo que politiza partidos de fútbol, espectáculos culturales de estrellas internacionales, actos públicos de cualquier índole o incluso un simple paseo por las calles de determinadas ciudades.
Hablo del Fútbol Club Barcelona por haberse hecho con la victoria en esta ocasión, aunque perfectamente podría hablar del Athlétic, con un crisol de nacionalidades en su plantilla mucho más reducido (sí, estoy haciendo uso de la ironía).
La definición de la palabra paradoja cobra un sentido único y exquisito en situaciones como la de esta final de la Copa del Rey, que ha enfrentado a dos equipos con aficiones y contextos culturales eminentemente nacionalistas y antiespañolistas, que así han demostrado ser tras los incidentes de esta noche en el estadio de Mestalla.
La primera pregunta que me asalta es ¿por qué entonces estos equipos no rechazan participar en la competición? era cómico ver los primeros minutos de un partido en el que los jugadores de ambos conjuntos se dejaban la piel por un premio cuyas aficiones desprecian (¡y cómo celebraban los goles!). Eso sería como si yo me pusiera a correr cualquier noche tras el camión de la basura para ver que puedo conseguir. Si algún viandante me viera posiblemente pensaría: “¿adonde va este idiota?”
Si indignante, a la vez que triste es ver como millares de personas desprecian la tierra de la que forman parte (sí, he dicho bien, quieran o no las cosas actualmente son como son), más indignante aún es tener unos gobernantes que lo asimilan y lo normalizan en lugar de empezar a luchar por unir los pueblos bajo una identidad común (complementaria a su respetable identidad nacional). Prueba de esta indignación es la reacción de los medios ante los abucheos de la gente mientras sonaba el himno nacional o mientras los reyes accedían a sus localidades:
-’Hay tanto ambiente que no hemos podido escuchar el himno’ -decían los narradores de TV3 o, segun TVE ‘por un error humano, el himno nacional no se emitió en directo,’ incluso se emitió una grabación “en off” con el himno en el descanso (sin sonido de ambiente de fondo). Eso sin mencionar las numerosas pancartas separatistas entre otras “we are nations of Europe, good bye Spain”
Desgraciadamente en esta ocasión no hemos asistido al primero ni al último numerito de estas características, hoy ha sido un partido de fútbol, pero ¿qué será mañana? Como reflexión, me llevo de este… llamémosle incidente, el concepto de rechazo hacia España, y es que por una parte critico a las aficiones del Athlétic y del Barcelona primeramente por asistir a un encuentro en el que se disputa la copa del rey, en segundo lugar por politizar un espectáculo y en tercer lugar por insultar y desprestigiar la identidad de todos los españoles, aunque la verdadera reflexión es que no los culpo, porque yo tampoco me siento orgulloso de ser español en una España que permite que su nombre sea pisoteado y que no se pone a trabajar para hacer que esos individuos que tanto la odian, llegue un momento en que quieran formar parte de ella, aunque con la actual crispación que proporciona el hecho de que los gobernantes cedan derechos individuales a diversas comunidades (vease estatut, por ejemplo), enorgullecerse de España nunca creo que sea posible, ni para ellos, ni para mí.
Para terminar y cambiando radicalmente de tema, me gustaría hacer una reivindicación al mérito deportivo de los equipos más modestos. Esto lo digo por la mentalidad de las gentes de cualquier zona de España que sienten los colores de los grandes equipos. Como ejemplo pondré uno de mi tierra: el Atlético de Mancha Real, equipo de mi pueblo (en la provincia de Jaén) ha logrado este año creo que la mayor racha de victorias consecutivas de España, sólo una derrota y un empate en toda la temporada, por supuesto ha logrado el ascenso directo a tercera división, abandonando así la primera división andaluza en la que se encontraba. Obviamente este hecho es motivo de alegría para los vecinos de Mancha Real, pero curiosamente, el día de la celebración un camión iba paseando por el pueblo con los “héroes locales” subidos en la caja, y apenas unas decenas de personas iban detrás mostrando su apoyo y alegría. Por otra parte, cuando el Real Madrid o el Barcelona se hacen con un título diría que llegan al millar las personas que se lanzan a las calles del pueblo lanzando cohetes y dando ‘pitorradas’ con los coches, me remito al último título de liga conseguido por el Real Madrid. Antes de terminar sólo quiero mostrar mi apoyo a esos pequeños clubes sin tantos recursos pero con quizás y seguramente más ganas que otros de mayor prestigio.
Borja Ramírez El Diario de Borja (2009)





